Simoca respira su fiesta mayor. Este sábado, el predio "Mercedes Sosa" abre sus puertas para dar inicio a la 46° Fiesta Nacional de la Feria, una de las citas más auténticas del calendario invernal tucumano. La celebración, que se extenderá durante todos los sábados de julio (11, 18 y 25), promete congregar a miles de visitantes atraídos por la identidad gaucha y la calidez de su gente.
El sulky es protagonista de una apertura con identidad
Aunque la actividad en el sitio ferial -un corredor de 300 metros a la vera de las vías del ferrocarril- comienza al alba con el armado de los puestos, el corazón de la fiesta empezará a latir cerca del mediodía. El tradicional desfile de sulkys, el carruaje de dos ruedas que es símbolo de la ciudad, recorrerá las calles céntricas encabezado por el presidente del Ente Tucumán Turismo, Domingo Amaya, el intendente Elvio Salazar y el legislador Marcelo Herrera.
Acompañados por agrupaciones gauchas de toda la provincia, los sulkys marcarán el camino hacia el escenario "Virgilio Carmona". Allí, tras el acto protocolar, se dará paso a una jornada cargada de música y danza.
La cartelera del primer sábado cuenta con nombres de peso como El Indio Rojas, Los Manseros Santiagueños, Por Siempre Tucu, Los Palmareños de Saúl y Huellas del Chamamé, además de la cuota de humor a cargo de Marcelo “El Coto”.
Sabores regionales y el icónico "pastel de novia"
La experiencia simoqueña es, ante todo, un festín para el paladar. Más de 50 quinchos habilitados ofrecerán los platos más representativos de la gastronomía criolla: empanadas de patas abiertas, locro pulsudo, tamales, humitas y los infaltables asados de vaca y cerdo.
Sin embargo, todas las miradas -y los pedidos- se centran en el "pastel de novia", el postre autóctono que define la gastronomía local. Esta pieza única fusiona lo dulce y lo salado en una masa rellena de carne (pollo, vaca o cerdo), pelones, pasas de uva y especias, coronada con una capa de merengue blanco. Es el secreto mejor guardado de las familias feriantes y el producto más demandado por los turistas que buscan sabores fuera de lo común.
Un motor económico que desafía la crisis
Más allá de la música y la comida, la feria es un ecosistema comercial vibrante. Cientos de puestos ofrecen desde artesanías en cuero y madera hasta frutas frescas, chacinados regionales, indumentaria y artículos del hogar. Para la gestión municipal, la organización de esta edición representó un desafío debido al escenario económico nacional.
A pesar de las restricciones presupuestarias, las autoridades locales mantienen una expectativa alta. Confían en que la mística de Simoca, sumada a la afluencia de turistas nacionales por las vacaciones de invierno, garantizará una concurrencia masiva que permita sostener la economía de los feriantes y productores de la zona durante todo el mes de julio.